domingo, 25 de enero de 2026

El sombrero

 En una de las entradas del Gog de Papini (¿o era de El libro Negro"?, da igual) recuerdo que se hablaba de no sé que rey de un país oriental que, como modo de alterar el comportamiento de aquellos de sus súbditos que se distinguían por su mal carácter o su acritud, les castigaba a llevar durante un tiempo una careta o máscara sobre sus caras cuyos rasgos fuesen todo lo contrario a su verdadero carácter. Los resultados eran espectaculares. Y es que, con el tiempo, los adustos y malhumorados se hacían amables. 

La lógica del asunto no estaría sin embargo del todo clara: sería que los músculos faciales amables exigidos por la máscara afectarían al comportamiento o sería más bien que ese cambio en su comportamiento sería consecuencia por reciprocidad de la amable respuesta que, ahora, con la máscara, reciben los "enmascarados" del resto de las gentes una vez que ya no los ven malencarados. No se sabe. El caso es que tal terapia, cuenta Papini, funcionaba.

Me he acordado de esta historia a propósito de un sombrero que me han regalado. Un sombrero negro, elegante, bonito. y es que he observado que, cuando lo llevo puesto, de alguna manera muy sutil me "cambia" el carácter. Con él encima de mi cabeza me he observado que soy como más asertivo, más seguro de mí mismo y de mi posición respecto a los demás, más capaz de "llamar la atención" a los demás. No sé. Históricamente siempre "los de arriba", para señalar que lo estaban y lo están, es decir, que ocupan una posición más elevada e incluso que son más altos que los demás, que sus inferiores, se han puesto sombreros, coronas, tiaras, tricornios, tocas, etc., etc. Dado que ante ellos la respuesta de los de "abajo" siempre ha sido el respeto y la sumisión, ¿debería sorprendernos entonces que en el transcurso de los tiempos esa relación de "status", de prepotencia de los unos y de sumisión en los otros,  haya -por así decirlo- encarnado o transferido en algunos objetos que la significaba? Eso está claro que pasó con el cetro, el báculo, el color púrpura...y los adminículos que los de arriba han siempre llevado en sus cabezas. 

Si así lo fuera no sería nada extraño lo que confusamente me estuviera pasando cada vez que me encasquetara el sombrero que me han regalado. 

Dios, el Gran Antropófago

Cada vez que oigo a alguien hablar con arrobo de su creencia en un Dios, en un ser superior a quien se debe todo cuanto hay, no me viene a la mente otra imagen que un matadero, sí, un matadero de esos industriales...para mayor inri.

Y es que es evidente ese "dios" sería, caso de que existiese, un malvado total, perfecto o infinito pues habría organizado un mundo en el que la vida de uno -salvo de los pacíficos vegetales- se daría a costa de la vida de otros. Sí vivimos día a día  a expensas del sufrimiento, agonía y muerte de otros seres vivos: cerdos, vacas, terneros, pollos, etc. Y dado que conforme más nos acercamos a Dios en la escalera o cadena trófica de la vida más nuestra vida depende de arrebatársela a otros, la conclusión es obvis: si Dios existe es, lógicamente, el Gran Asesino. 

Y, finalmente, caso de que exista, la pregunta es obvia: ¿de quién se alimenta? ¿a quién ha de matar Él para sobrevivir? La respuesta debería ser obvia para cualquiera: de nosotros.

El sombrero

 En una de las entradas del Gog de Papini (¿o era de El libro Negro "?, da igual) recuerdo que se hablaba de no sé que rey de un país ...