Cada vez que oigo a alguien hablar con arrobo de su creencia en un Dios, en un ser superior a quien se debe todo cuanto hay, no me viene a la mente otra imagen que un matadero, sí, un matadero de esos industriales...para mayor inri.
Y es que es evidente ese "dios" sería, caso de que existiese, un malvado total, perfecto o infinito pues habría organizado un mundo en el que la vida de uno -salvo de los pacíficos vegetales- se daría a costa de la vida de otros. Sí vivimos día a día a expensas del sufrimiento, agonía y muerte de otros seres vivos: cerdos, vacas, terneros, pollos, etc. Y dado que conforme más nos acercamos a Dios en la escalera o cadena trófica de la vida más nuestra vida depende de arrebatársela a otros, la conclusión es obvis: si Dios existe es, lógicamente, el Gran Asesino.
Y, finalmente, caso de que exista, la pregunta es obvia: ¿de quién se alimenta? ¿a quién ha de matar Él para sobrevivir? La respuesta debería ser obvia para cualquiera: de nosotros.
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