En una de las entradas del Gog de Papini (¿o era de El libro Negro"?, da igual) recuerdo que se hablaba de no sé que rey de un país oriental que, como modo de alterar el comportamiento de aquellos de sus súbditos que se distinguían por su mal carácter o su acritud, les castigaba a llevar durante un tiempo una careta o máscara sobre sus caras cuyos rasgos fuesen todo lo contrario a su verdadero carácter. Los resultados eran espectaculares. Y es que, con el tiempo, los adustos y malhumorados se hacían amables.
La lógica del asunto no estaría sin embargo del todo clara: sería que los músculos faciales amables exigidos por la máscara afectarían al comportamiento o sería más bien que ese cambio en su comportamiento sería consecuencia por reciprocidad de la amable respuesta que, ahora, con la máscara, reciben los "enmascarados" del resto de las gentes una vez que ya no los ven malencarados. No se sabe. El caso es que tal terapia, cuenta Papini, funcionaba.
Me he acordado de esta historia a propósito de un sombrero que me han regalado. Un sombrero negro, elegante, bonito. y es que he observado que, cuando lo llevo puesto, de alguna manera muy sutil me "cambia" el carácter. Con él encima de mi cabeza me he observado que soy como más asertivo, más seguro de mí mismo y de mi posición respecto a los demás, más capaz de "llamar la atención" a los demás. No sé. Históricamente siempre "los de arriba", para señalar que lo estaban y lo están, es decir, que ocupan una posición más elevada e incluso que son más altos que los demás, que sus inferiores, se han puesto sombreros, coronas, tiaras, tricornios, tocas, etc., etc. Dado que ante ellos la respuesta de los de "abajo" siempre ha sido el respeto y la sumisión, ¿debería sorprendernos entonces que en el transcurso de los tiempos esa relación de "status", de prepotencia de los unos y de sumisión en los otros, haya -por así decirlo- encarnado o transferido en algunos objetos que la significaba? Eso está claro que pasó con el cetro, el báculo, el color púrpura...y los adminículos que los de arriba han siempre llevado en sus cabezas.
Si así lo fuera no sería nada extraño lo que confusamente me estuviera pasando cada vez que me encasquetara el sombrero que me han regalado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario