martes, 16 de julio de 2019

LA PARADOJA DE LAS VIDRIERAS


David Jacobs señala en su Master Builders of the middle ages (New York: American Heritage, 1969) que el refinamiento técnico del arte de las vidrieras a lo largo del siglo XIII alcanzó un “nivel de perfección técnica que finalmente causó un declive en su fuerza artística” (113). 

Las primitivas técnicas que tenían su origen y prácticamente no habían cambiado desde el antiguo Egipto producían “el cristal más maravilloso –un cristal que aparentemente estaba determinado a ser un obstáculo a los rayos del sol. Sus rayaduras, fracturas, burbujas, rizos y roturas no podían parar a la todopoderosa luz, pero podían endentecerla, cambiarla y dejarla pasar a la catedral más hermosa de lo que había estado durante su largo viaje a la Tierra”(114).

Con los adelantos técnicos, “los artesanos aprendieron a usar el calor y la presión para tintar el cristal de modo homogéneo. Plancharon las burbujas y evitaron que los rebordes se curvaran, eliminaron las fracturas y consiguieron un cristal suave y transparente…Pero el cristal perfeccionado ya no se oponía al sol, y el sol, a su vez, lo ignoraba y pasaba a su través como si no hubiera nada en absoluto” (114). O sea, que los adelantos técnicos, la perfección técnica acabó con el arte. ¿Es esto una simple paradoja aplicada a algunos ejemplos concretos o se puede generalizar a la mayor parte de las experiencias y creaciones humanas? ¿Puede ocurrir que la capacidad de expresión y de seducción, la fuerza emotiva y estética aniden en la no perfección técnica, que la perfección técnica sea como tal antihumana?

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