lunes, 9 de septiembre de 2019

Tecnología y creación de necesidades


Dice C.S.Lewis que al igual que no se pueden imaginar nuevos colores no se pueden generar nuevos valores morales. Quizás esa misma restricción rija en el terreno de las necesidades humanas, de modo que, al igual que sólo hay tres colores básicos de cuyas combinaciones primarias, secundarias y demás surgen todos los demás, tampoco haya más que unas pocas necesidades básicas o primarias: las llamadas biológicas (alimento, cobijo, vestido, medicinas) y las llamadas sociales (amor/amistad, pertenencia, respeto). 


No hay sociedad humana que haya tenido cierta duración que no las haya satisfecho todas en mayor o menor grado para la mayor parte de sus componentes. Lo que ello significa es que, en el curso de la historia, no se crean nuevas necesidades sino nuevas formas de satisfacer esas mismas y viejas necesidades. 


De esa tarea es de lo que se encarga la técnica. Ahora bien una técnica que permita satisfacer la necesidad primaria de pertenencia vía, por ejemplo, la comunicación mediante el teléfono sólo puede hacerlo sustituyendo a la que previamente se encargaba de hacer lo mismo, y sólo puede hacer esto último desvalorizando a la anterior. Si los avances técnicos se dan inconexamente, poco a poco, una técnica aislada poco puede hacer por desbancar a una precedente. El progreso es lento, o lo que es lo mismo, controlable. Los avances técnicos quedarían por lo general como curiosidades, juegos, artilugios para la diversión o el arte. 


Cosa distinta ocurre cuando hay algunos avances especiales (el reloj mecánico, el telescopio, el estribo, la imprenta, el ordenador,...) o conjuntos de avances que dan origen a una revolución técnica en la que en poco tiempo, las sinergias que se dan entre ellos arramblan con la estructura técnica precedente, es decir, devalúan en un proceso aparentemente incontenible con “todo el mundo previo”, o sea, con todas las formas precedentes de responder articuladamente a las necesidades primarias.

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