Nada más irónico que el
engolamiento con que se repite hasta la saciedad eso de la necesidad
de políticas que fomenten o incentiven la actividad económica, el
desarrollo, el progreso y demás “objetivos” todos, todos, de lo más "deseables"por los que se autodenominan progresistas.
O eso creen o dícen creer ellos. ¡Pero si hay que
proteger con vallas, rejas, leyes y policías a las cosas de este
mundo para que la actividad económica no las meta mano y las
convierta en “recursos”, los compra, venda o modifique! ¡Y
todavía quieren fomentarla!
Es, a este respecto, de lo más sintomático esa expresión tan de moda en todo "desarrollista": poner en valor. O sea, hacer que cualesquiera ser, cosa o lugar, por inocente y libre o suelto que esté o sea, se lo venda y alcance el precio más alto que pueda. ¿No se llaman proxenetas a quienes inducen y se medran de las prostitutas? Pues o bien les quitamos ese nombre y los llamamos también desarrolladistas o extendemos ese nombre, ed de proxenetas a todos quienes orgullosamente se dedican en poner en valor, o sea, en asociarles un precio, a lo que no lo tenía. A todos los que confunden valor y precio. Que hoy ya son mayoría.
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