La idea de C.S.Lewis (y
también de Aldous Huxley) de que siempre son las mismas necesidades
las que de modos diferentes se cubren en toda sociedad que permanece
se puede generalizar y extraer curiosas consecuencias. Como es de
sobra conocido la jornada de trabajo en las ciudades del Antiguo
Régimen se veía limitada por la luz solar: A la anochecida, cuando
el único medio de iluminación era el proporcionado por lámparas de
incandescencia, la actividad había de frenarse so pena de correr el
riesgo de incendios tan pavoroso en ciudades aglomeradas donde la
madera era el elemento básico constructivo.
Pues bien, la aparición
de sistemas de iluminación más seguros como el gas y más tarde la
electricidad tuvo como consecuencia directa la derrota de la
oscuridad nocturna. Y no todo fueron ventajas, pronto las jornadas
nocturnas de trabajo aparecieron, como no podía ser menos en una
economía competitiva. La necesidad de descanso, la necesidad de un
alto en el trabajo, la obligación de respetar esa ley natural que
lleva a animales como los hombres a descansar en la noche requirió
entonces el surgimiento del estado del bienestar, la pelea por
reducir la jornada de trabajo, la defensa del descanso nocturno o la
exigencia de turnos y pagas extra para los trabajadores que los
hicieran. Fue sin duda una gran conquista: volver a lo que ya se
tenía.
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