miércoles, 3 de septiembre de 2025

Alejamiento

 Lo que te separa irremediablemente de otro, lo que crea un abismo que te aleja infranqueablemente de él no son, en el fondo, sus ideas más profundas, sus preferencias más íntimas, sus actitudes éticas o morales sino lo más superficial, sus formas y comportamientos casi anecdóticos, aquellos que le salen casi sin darse cuenta, sin pensarlo. Yo, por ejemplo, no es imposible que pudiera llevarme aceptablemente bien con un votante de VOX -me ha ocurrido- e, incluso, con un islamista pese a que en nada comulgo con sus "ideas" si no dirigiesen a su perro como si fuese una persona, respetase las colas, si su voz no invadiese el especio sonoro compartido, si no tuviese el síndrome del chalet adosado y pusiese su toalla junto a la tuya en una playa vacía, su se comportase como si supiese que lo que es común no es que no sea de nadie sino que es de todos,...Sí, lo más profundo es la piel, como decía Paul Valery. Y frente al juicio de la piel nada puede la razón

LO QUE NOS HACE HUMANOS

 Que si bipedalismo, que si el pulgar oponible, que si el cocinar los alimentos, que si la capacidad de lanzar objetos, que si el arte, que si...No faltan comportamientos o rasgos anatómicos que, no observándose en nuestros "primos" primates, nos separen de ellos y  no le sirvan a algún autor para urdir alguna "just so story"  que explique  el porqué los humanos somos humanos.

Yo también tengo una hipótesis explicativa. La mía, que no da origen a ninguna historia causal que lleve del antepasado común con bonobos y chimpancés al ser humano, es más simple que cualquiera otra. Mi idea es que el ser humano aparece fehacientemente en el mismo y preciso momento en que hubo un homínido que se4 suicidó.

Es el suicido lo que nos hace auténticamente humanos pues el suicida no sólo "peca" contra la "ley de Dios" y manifiesta su autonomía frente a él, sino que también "peca" contra la "ley de la Naturaleza", la ley que obliga a todos los seres vivos a luchar por su supervivencia. Sólo los seres humanos se suicidan.

Obviamente no cualquier suicidio certifica la humanidad dado que en la naturaleza es posible encontrar comportamientos suicidas de progenitores que sed arriesgan a morir o mueren efectivamente para favorecer la vida de sus crías. Sólo el suicidio inútil, instrumentalmente irracional,  absurdo , es el que es el dador de humanidad

domingo, 5 de enero de 2025

De las edades para el amor y el odio

 Es muy frecuente que las buenas gentes, ésas repletas de buenas intenciones, convengan en señalar que el tiempo nada puede contra las emociones, que estas, que como formas del espíritu que son,  mueven (de ahí lo de e-moción) a los cuerpos hacia su objetos, están por ello al margen del tiempo al menos -claro está- mientras los cuerpos acojan o sean habitados por el espíritu, o sea, al menos mientras el "alzheimer" u otro de esos males no haga de las suyas y eche de su casa corporal al espíritu que hasta entonces la habitaba. Que el tiempo nada puede contra el alma y sí lo puede todo contra el cuerpo.

Pero no es así. Al igual que el cuerpo envejece con el paso del tiempo, el tiempo afecta a las emociones. Y es lógico y natural. Y es que, por definición, las emociones requieren, exigen, de su realización, de su cumplimiento, de que el cuerpo se mueva y las haga realidad.  La  emoción del amor exige para su cumplimiento "mover" a los cuerpos de modo que estos hagan el amor. Y, es obvio, con el tiempo ese concreto "hacer"· se hace más y más difícil aún con la ayuda de la química. Cosas, maldiciones,  de la biología. No es por tanto nada extraño ni antinatural que el tiempo del amor sea el de la juventud, el tiempo en que nada le cuesta al cuerpo, sino todo lo contrario,  hacer esa emoción, llevarla a cabo, hacer el amor.

Por contra, la emoción antitética del amor, el odio, no está sujeta -al menos en el mismo grado- a una limitación biológica similar. Dejarse llevar por el odio, "hacer" el odio,  es algo que puede llevarse a cabo de viejo sin demasiado problema. Por ello no es nada extraño que sea esta, el odio, la emoción típica y característica de la vejez. Como sin emociones no se puede vivir, la dificultad creciente en hacer el amor con el paso del tiempo obliga inexorablemente a que la cuota o porcentaje de la emoción opuesta, el odio, aumente entre los viejos pues hacer el odio sigue siendo fácil. No hay en ello  nada premeditado o consciente: sencillamente sucede que es cada vez más fácil odiar para un cuerpo conforme está más cansado y agotado.

Sólo en las películas y cuentos infantiles uno se encuentra con viejos cariñosos y amables. Lo que sí los vemos por ahí, por las calles, son los viejos energuménicos y gritones, aquellos que, incapaces de hacer el amor,  siempre dispuestos  a "hacer" su odio, por ejemplo, contra Pedro Sánchez al extremo de poner en riesgo sus vidas

jueves, 21 de noviembre de 2024

Suspender académicamente

 A lo largo de estos ya demasiados  años en el oficio de docente se me han ido viniendo a las mientes algunas "verdades" que, paradójicamente, no lo son para la mayoría de las gentes. Una de ellas, y a la que quiero referirme aquí, se refiere al descuidado pero  importantísimo papel que, en la formación del carácter, tiene el que los docentes suspendan  a sus alumnos...incluso inmerecidamente (dentro de ciertos límites, claro está)

En efecto: Aunque en estos días el "suspender" esté socialmente mal visto, hasta el extremo de llegar a dar por un hecho cierto la más que curiosa "tesis" de que la existencia de alumnos suspendidos sólo es muestra evidente de la incapacidad del docente, de modo que lo que sucede realmente cuando un profesor suspende a un alumno es que quien está suspendiendo es el profesor, lo cierto es que cuando un profesor suspende a un alumno -merecida o inmerecidamente- lo que está sucediendo es que el profesor - un "otro"- está cuestionando las ideas, opiniones, creencias,  que constituyen o definen o conforman el "yo" del estudiante o alumno..., críticas, que tiene por obligación que aceptar o "tragar".

Pues bien. A lo largo de los años he observado que nadie que no haya sido enseñado a recibir críticas en su proceso de formación, o sea, nadie que no haya sido suspendido, sabe cómo encajar críticas. Ocurre así que la inmensa mayoría de quienes no han pasado por un proceso educativo, por lo que nunca han sido suspendidos, es capaz de tomarse una crítica por lo que realmente es, o sea, cómo un cuestionamiento de la eficacia o la idoneidad del comportamiento o de las ideas que uno tiene (un asunto técnico por tanto) con vistas a su ulterior mejora, sino como un atentado en tosa regla a la Esencia o Identidad de "uno mismo".  En consecuencia, los que han sido suspendidos son más capaces de aceptar las críticas y por ende variar y acomodar su comportamiento, o sea, son más eficientes, que quienes al no haber sido nunca suspendidos se toman toda crítica malamente , empecinándose en su mal comportamiento por mor de defender su "dañada" identidad.

 

viernes, 5 de julio de 2024

Sobre la eutanasia y los "creyentes"

 


Cada vez me resultan más cargantes los llamados "creyentes". No soporto esa mezcla de estupidez e irracionalidad con ese aire de superioridad moral de la que hacen gala. Tomemos, por ejemplo, su reacción en el caso de la eutanasia, del suicidio asistido, al que los médicos creyentes se niegan a asistir por razones morales, o sea, por su conciencia de superioridad moral como creyentes.

Pero bueno. ¿De qué va esta tontería? ¿De dónde surge esa su actitud ante el suicidio? Veamos. Si esta pandilla de vagos moralizantes fuese sincera y creyese realmente en sus creencias debería suicidarse en masa para así llegar cuanto antes a su objetivo último: estar en  presencia de "su" señor para disfrutar de lo que "allí arriba",  en el "más allá" o en "el Cielo" se pueda disfrutar. Pero no. Les entra canguelo ante la idea de ser consistentes con sus creencias, y suicidarse. Te dicen entonces que no, que no hay que tener prisa en acercarse al "señor", que suicidarse está mal porque la vida que un suicida se quita no es suya sino del "señor", incluso aunque el suicida no se crea la historia del "señor". Y claro, la implicación es obvia: nada de eutanasia. Nada de ayudar a otros cuya vida aquí y ahora es una tortura sin solución de continuidad., 

Pero, ¡qué estupidez es esa! ¿Por qué su "señor"  habría de castigar a quienes quisiesen acercársele a "él" cuanto antes usando del suicidio como método más rápido y seguro? No hay ninguna razón dentro de sus coordenadas mentales. Impedir el suicidio de los creyentes sólo lo haría, por cierto,  un auténtico "señor" hijoputa y rastrero pues resulta obvio que cuanto más uno viva en este mundo terrenal mayores serán las probabilidades de que acabe pecando gravemente (cometa alguno de esos pecados llamados mortales) y aumente sus posibilidades de acabar no en el "cielo" sino en el "infierno" soportando penurias y castigos dolores toda la Eternidad. Es decir que la estrategia del suicidio es sin duda para cualquier creyente la mejor de las estrategias para no pecar, por lo que prohibirla es lógicamente, un incentivo a cometer pecados. 

Lo dicho. Abomino de los "creyentes". Individuos irracionales que se las dan de bondadosos. Mala gente realmente.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Sobre las consecuencias de definir la libertad

 Las palabras No son neutrales. O mejor, el sentido o significado de las palabras tiene su aquél, su importancia. Y no porque haya conflicto, pelea o disputa por no haber  acuerdo acerca de ese significado, de ése su sentido, sino porque sea cuál sea ese significado, aunque sea unánimemente compartido o acordado, actúa como una suerte de señal de tráfico que nos prohíbe ir por una senda o camino mental o moral, o incluso, nos exige ir por un otro determinado, lo que no es lo mismo.

Tiene por ello mucha razón los filósofos deconstruccionistas franceses, los que "beben" de Nirtzsche, Michel Foucault o Jacques Derrida, cuando señalan que la gran pelea no se da en el terreno económico, político o social, sino en el de lo imaginario, el terreno en el que se da el significado a las palabras. Las peleas en los otros "terrenos" o dimensiones de "lo" real son consecuencia, reflejos, de la pelea que se vive -si es que la hay, lo cual sólo sucede de vez en cuando en la Historia- en el campo de batalla de los significados.

¿Un ejemplo? La idea o noción de lo que es la libertad. Se oponen, aquí, en ese terreno conceptual de los significados, dos grandes interpretaciones o significados opuestos. Por un lado estarían los que consideran que la libertad es un cupo, un cuanto, algo definido, concreto o limitado, de modo que la "lucha por la libertad" es un juego de suma cero, de modo que las ganancias en libertad de los unos están asociadas a las pérdidas de libertad de los otros.

Desde la idea kantiana tan repetida de que la libertad de uno empieza donde acaba la libertad de otro, hasta la noción marxista de la lucha de clases, en la que los ascensos en la libertad de los de abajo sólo pueden producirse si los de arriba experimentan pérdidas en su libertad de tamaño igual, variaciones idénticas de su libertad aunque de distinto signo, esta posición es defendida o sostenida por pesimistas y por "realistas" empíricos que nunca ven que en el mundo de los humanos la libertad de un grupo dominado haya sido otorgada graciosamente por un grupo dominante, que siempre siempre haya tenido que ser conquistada.

De otro lado andarían mentalmente los optimistas, los liberales, los ilustrados del XVIII y los anarquistas discípulos tanto de Bakunin como de Kropotkin, todos ellos buenas gentes que comulgan con la idea de que la libertad no está limitada o tasada, de modo que "la mayor libertad de unos expande la libertad de los otros". 

¿Quién tiene "razón"? ¿qué significado es "el correcto"? No lo se porque no soy un filósofo o porque quizás estas son preguntas "carentes de sentido".  Si uno cree en la segunda de las concepciones de la libertad, cuanta más libertad tengan capitalistas mayor será la libertad de la que gocen los trabajadores (como defienden Millei y los neoliberales) , pero también a la inversa. Si uno cree en la segunda de las concepciones de la libertad, cuanta más libertad tengan "las mujeres" más libres lo serán los hombres.

Por contra, si uno cree en la primera de las concepciones de la libertad entonces, si los empresarios o las mujeres gozan de más libertades menor será la cuota de libertad de trabajadores y de varones. 

Y lo mismo, lo mismo pasa con las "libertades" de los emigrantes, de los trans, de los pederastas, etc., etc. Con lo que, al final, todos los conflictos sociales, económicos y políticos  sería nominalistas, tendrían una raíz filosófica/gramatical. El significado o sentido de la palabra libertad lo definiría y trataría de imponerlo siempre el más fuerte en defensa de sus intereses. Y, entonces, un cambio, o la anticipación de un cambio en ese significado vendría a servir como "señal de alerta temprana" de los cambios reales en las sociedades donde antes dominase de modo indiscutible pues señalaría que una nueva definición o concepción de la libertad estaría entrando en las cabezas de las gentes.

Algo así lo he visto suceder a lo largo de mi propia vida. De una época en que predominaba la idea de que la libertad de uno limitaba con la de otro, lo que implicaba que más libertad para los trabajadores suponía menos libertad para las empresas que dominó en mi juventud en tiempos de la Transición quer -recuerdo- llevó al por aquellos lejanos tiempos presidente de la CEOR, Carlos Ferrer Salat, a organizar un multitudinario acto en Madrid para reivindicar que no estaba en la esencia de los empresarios el ser  explotadores de los trabajadores, veo ahora el triunfo indiscutible de la anarquista definición de la libertad tal y como la defienden gentes tan ilustradas como Javier Millei y la señora Isabel Diaz Ayuso, cuya idea de que todos, con la ayuda de los proverbiales influencers andorranos,  podemos ser a la vez más libres, de que la libertad de cada uno expande la libertad de los demás hasta el infinito...y más allá,  ha conquistado los cerebros de las gentes menores de cuarenta años.


viernes, 17 de noviembre de 2023

Acerca de la moralidad "familiarista"

A cuenta de la última del Partido Popular, o sea, su cada vez más acusada deriva fascista o nazi (con todas las letras) que ha alcanzado en estos días un punto de difícil retorno cuando siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de los grupúsculos proetarras, increíblemente,  ha decidido comportarse exactamente igual que lo hacían los grupos proetarras: señalizando a quién sabe quién que todos sabemos a quienes deben ser sus "dianas", sus  "objetivos": los diputados del PSOE, oigo a un conocido comentar que, afortunadamente, eso no es un asunto del que se vaya a hablar en las próximas fiestas navideñas pues en su familia no se habla de política para evitar que se rompa.

O sea, la "moralidad" tradicional española. Ésa que se caracteriza por el "familiarismo", o sea, por anteponer la familia a TODO lo demás. Son familiaristas, así, la gente de izquierdas (o de derechas) que reconociendo tener "familia" de derechas (o de izquierdas), decide cuando está con ella no tratar ningún tema de carácter público para evitar "males mayores".

O sea, que para salvar esa condenable "moralidad" mafiosa o familiar se estima correcto "tragarse" las opiniones que sean susceptibles de disputa, debate o riña. Todos sabemos de qué se trata. Esa gente que incluso se enorgullece de que en su familia no se habla de política tras reconocer que sus padres, hermanos o cuñados son en el fondo "buena gente", si bien son -no sé si en el fondo o en la superficie- unos fascistas, unos neonazis. 

Si , como decía Aristóteles, el hombre es esencialmente un zoon politikon, un "animal político" definido por su pertenencia a una "polis", a una ciudad, no es nunca aceptable el "taparse los ojos" ante los familiares inmorales por el mero y caprichoso hecho circunstancial de ser de la familia. Es decir, que el aceptar por ejemplo como respetables, por ser  miembros de una "familia",  a aquellos que señalan a los rivales políticos para que los sicarios actúen en consecuencia, degrada también a quienes aceptan a sus familiares "fachas" al estado de cómplices en la ignominia.


 

El sombrero

 En una de las entradas del Gog de Papini (¿o era de El libro Negro "?, da igual) recuerdo que se hablaba de no sé que rey de un país ...