miércoles, 29 de julio de 2020

LA ESCASEZ


Para los economistas, la escasez es la última e inevitable realidad a la que hoy y siempre el hombre –todos los seres humanos- ha de hacer frente. Los sociólogos y algunos economistas críticos suelen señalar que quizás así lo fue en el pasado, pero que hoy en las sociedades de la opulencia y abundancia del llamado primer mundo la escasez ha perdido mucho de su garra. Cierto que todavía es factible encontrar en ellas pobres de solemnidad pero aun ellos, ricos son una vez que son pescados por las redes de protección social. Pero los economistas se saben defender. Siempre habrá escasez absoluta de un recurso, el tiempo, de modo que hasta los billgueites del mundo son incapaces de tener dias de más de 24 horas para disfrutar de sus riquezas materiales. Y, por otro lado, la escasez como Smith, Marx, Mill y Keynes entre muchos otros dijeron es relativa. Uno puede tener mucho de algo pero será poco si en la sociedad en la que vive la mayoría o su grupo de referencia tiene más que él de ese algo. No es mala defensa, pero como todas las defensas deja de ser un ataque. Aceptar que la escasez es hoy, en los países avanzados, relativa es aceptar que su origen es social o valorativa con lo que la pretendida neutralidad y objetividad de la ciencia económica siempre mirándose envidiosa en el espejo de las ciencias naturales se desvanece. Y, en efecto, la construcción de una ciencia económica objetiva basada en la escasez requiere que su cimiento sea incontestable, natural y objetivo como la roca: la escasez en sentido absoluto.
 
Pero lo más curioso es que esa escasez absoluta sólo ha existido muy de vez en cuando en las sociedades humanas en momentos de catástrofes naturales o sociales (como las guerras). Marshall Sahlins señaló ha ya tiempo que las sociedades de la edad de piedra se pueden considerar como las primeras sociedades de abundancia en la medida que existía un acople tal entre sus recursos y sus necesidades que la abundancia de tiempo libre, uno de los indicadores más claros de la abundancia hoy día, era superior a la que se disfruta en las sociedades más avanzadas -por cierto que parece que cada vez menos-. 

Pero aquí es reseñable el que, en algunos casos, la escasez en términos absolutos, que se manifiesta en ese temible jinete del Apocalipsis: el hambre es también socialmente deseada y provocada. William y Dorothy Shack, una pareja de antropólogos que estudiaron a los Gurage del sur de Etiopía encontraron que la mayor parte de Gurage cultivaban y guardaban mucho más alimentos de lo que las familias podían usar. Pasaban hambre a la vez que escondían alimentos en pozos durante años de modo que lo guardado acababa incluso pudriéndose, por lo que su comportamiento no podía explicarse compo ahorro, como precaución ante la expectativa de tiempos todavía peores. La ansiedad de hambre de los Gurage no parecía proceder de su entorno, escribieron los Shacks, tanto como de “los valores de la acumulación y la autonegación que impiden la diaria satisfacción del hambre”.

Y lo mismo sucede con otras tribus como los Kalauna de Papúa Nueva Guinea estudiados por el antropólogo Michael Young. Quedaría, sin embargo, por satisfacer una cuestión más que fascinante: ¿cuál sería la causa de esa anorexia social que a veces –como es el caso de los Gurage- va acompañada por momentos de bulimia también ritual donde los Gurage ingieren cantidades brutales de alimento? La respuesta de los Shacks es en buena medida insatisfactoria en la medida que acude a expedientes psicoanalíticos como el mayor o menor desapego de los padres a los niños en su más tierna infancia. Quizás. Pero ninguna narración o relato psicoanalítico es aquí convincente pues se enfrenta a la también diaria constatación del crecimiento de la obsesidad por todas partes.

1 Sharman Apt Russell, Hunger.An unnatural history (Basic Books, New York, 2005, 159)

viernes, 15 de mayo de 2020

NOVELA Y VIDA

Dejé de leer novelas hace ya muchos años. Exactamente cuando comprendí que mi vida ni había sido ni ya podría ser una novela. Se me había pasado el tiempo.

Y es que, para mí, leer novelas sólo puede ser lectura para aquellos que las pueden leer como una suerte de guías o historias de lo que otros han vivido y que animan al lector a vivir su propia novela, a vivir su propia vida de forma que pueda ser materia de una novela.

Las novelas son, pues, lecturas de juventud. De viejo te das cuenta de que, por delante de tí, ya no queda nada novelable.

Me sorprende por ello enormemente ver a adultos de vidas ya cerradas leyendo novelas. ¿No se dan cuenta de que nada que en ellas se les cuenta podría ya ser vivido por ellos?

Sólo se me ocurre una explicación a este comportamiento: quien ya de mayor lee novelas es como un cotilla. Exactamente igual a los que, incapaces de tener una vida propia, viven vicariamente la de otros. Son como los vecinos que espían con prismáticos la vida de los demás. Mala gente.

domingo, 3 de mayo de 2020

TABACO, MASCARILLAS, PUIGDEMONT Y EL BOE.Sobre el anarquismo del pueblo español

Fue a principios del año 2011. Iba de viaje por la provincia de Teruel, y en uno de su más olvidados  y bellos pueblos, paré en el único bar a tomar una cerveza y algo de comer. Llovía, y al margen del dueño/camarero tras la barra, sólo tres parroquianos de muy avanzada edad estaban dentro, sentados a una mesa bebiendo unos tintos. Al poco, dos se levantaron y se fueron afuera, a la intemperie, a fumar un cigarrillo. Yo no daba crédito. Pero  ¿por que -me pregunté- estos dos ancianos abandonaban el calor y el vino y se salían al frío y a la humedad por fumar un cigarrillo? 

La razón estaba clara: en el Boletín Oficial del Estado se acababa de prohibir definitivamente el fumar en bares y centros de trabajo. Y esos parroquianos cumplían esa prohibición a rajatabla, aunque no hubiera ninguna autoridad a la vista  que les obligase a hacerlo, aunque nadie de los presentes con total seguridad iba jamás a denunciar ni a ellos ni al dueño del bar por su "delito" si fumaban dentro. Me dí cuenta, por cierto, que aunque no saliese a fumar, el duelo del bar era también fumador y me pregunté si podría darse la situación en algún momento en que todos a la vez se saliesen a echarse unos pitillos.

Todo el mundo recuerda que, salvo en un par de locales que resistieron brevemente, el resto de establecimientos hoteleros  españoles obligaron al cumplimiento de la norma al 35% de españoles que fumaban, que la cumplieron sin decir chitón. Fue, sí, de chiste observar el disciplinado comportamiento del pueblo español fumador cuando unos días antes corría la voz de que la prohibición no tendría ningún éxito, que se convertiría en papel mojado,  porque sería una mayoría los que no la cumpliesen, porque los españoles eran y son y serán un pueblo rebelde.

Y es que en España, quien tiene el BOE tiene el poder. Y no por las multas o penas con las que amenaza, sino porque el pueblo español es sustancial o esencialmente obediente. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que, en su epopeya mítica fundadora, tiene un héroe, el Myo Cid, dispuesto a ser de muy buen grado obediente, servil, si encontrara un buen señor (¡Oh!¡Qué buen vasallo si oviese buen señor!" se dice en uno de sus versos).

Es el pueblo español un pueblo de  vasallos. De servidores. De esclavos. Un pueblo, de natural, ovino, borreguil. Que sin embargo, y paradójicamente, se considera a sí mismo, indisciplinado, anarquistoide, rebelde.

Absurdo. Recuérdese que Franco se murió en la cama y que millones  sintieron su muerte en lo más profundo de sus borreguiles almas, como no es aventurado pensar que los corderos echarían en falta a sus pastores.

Y ¿a qué se debe tal sumisión? La científica razón para ese gusto por ser esclavo es, como no podía ser de otra manera, genética. Es, la de los españoles, una servidumbre genética. Fruto de la evolución, en su historia, del pueblo español. Y es que la historia de España, triste como pocas, como recordaba Gil de Biedma, se ha caracterizado por la continua expulsión y el exterminio de todos aquellos que tuviesen genes rebeldes, genes que sucitasen  la más mínima querencia por la libertad. Sí. Es posible que, hace siglos hubiera españoles amantes de la libertad, españoles rebeldes que se amotinaran ante los desplantes de los poderosos. Pero motínes como el de Esquilache o como en la afrancesada contra los de Napoleón y Pepe Botella quedan ya fuera de nuestro horizonte.

Y es que en esa auténtica limpieza étnica que los españoles borreguiles han practicado contra sus compatriotas rebeldes época tas época, descollaron los españoles del siglo XIX. Recuérdese que en los mismos tiempos en que los aires de revueltas y revoluciones corrían por Europa, el servil pueblo español desterraba a los liberales y tenía a gala recibir al déspota rey traidor Fernando VII, el "Deseado"  gritando por las calles madrileñas "Vivan las "caenas"! Y no sólo esta bovina querencia la habría manifestado el pueblo ovino de Madrid, pues desde su entrada por Fuenterrabía, los jóvenes de los pueblos por los que pasaba la comitiva real tenían a gala ser ellos quienes, uncidos como bueyes, arrastraran las carrozas. Pueblo ovino. Pueblo bovino.

De ese tipo de gentuza somos descendientes los españoles que estamos aquí y ahora. De ese tipo de chusma. Nada extraño es que las sucesivas guerras civiles que la Iglesia Católica y todo tipo de militares estrafalarios y asesinos han instigado contra cualquier tipo de progresismo libertario hayan vencido. ¿Cómo no iba a ocurrir tal cosa cuando la mayoría del pueblo tiene genes  de buey, genes de borrego! Y, por supuesto, ese comportamiento servil  de la mayoría de españoles deviene en asesino contra sus hermanos que, por extraña mutación genética, no heredan esos mismos genes.

Esa disposición a la obediencia se da abarca hasta en lo más mínimo. En estos días finales de la epidemia del coronavirus, es visible observar cómo la mayoría de las gentes, incluso los jóvenes -que en nuestro país son siempre de los más modosito, por llevar la contraria a esa idea extranjera idea de que los jóvenes son de por sí algo rebeldes-  van por las calles con guantes y mascarillas aunque ni siquiera el gobierno haya obligado su uso. E incluso, estos, los obedientes, los cumplidores con no se sabe qué obligaciones, miran mal a aquellos que se "rebelan" y quieren ir por ahí a "cara descubierta", no como los "chinos".

Y, para finalizar. No se crea que esta tendencia innata a la sumisión, al servilismo, a la obediencia, se da entre los españoles de por debajo del Ebro. Si hay un episodio que muestra a las claras que los genes bovinos u ovinos están metidos a sangre y fuego en el código genético de los españoles, de todos por debajo de los Pirineos, lo muestra a las claras  el ejemplo de Carles Puigdemont, el independentista y rebelde presidente de la Generalitat catalán,  y sus valientes huestes. Recuérdese. Sí, aquella tarde que valientemente proclamó entre himnos y proclamas la independencia de Catalunya. ¡Cuánta rebeldía! ¡Cuánto atrevimiento!...Hasta que  el BOE publicó la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución. Fue "mano de santo", o mejor "mano de pastor". Pues tras el BOE, los aguerridos independentistas no dudaron ni un instante: abandonaron consellerías y calles y se fueron disciplinadamente a sus casas y masías, a sus rediles. Como hacen las buenas ovejas. Como hacen los buenos borregos. Como hacen los buenos españoles.

Y ahí siguen. Y ahí quedó todo...hasta la siguiente. Ya Marx señaló que, en la historia, lo que se da una vez como tragedia luego se repite como farsa. Y así lo será más adelante. Y la razón es obvia: los catalanes independentistas son españoles hasta la médula. Españoles de raza ovina...como los demás. Sin la menor duda. Es lo que hay.

martes, 21 de abril de 2020

ZALEOS EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

(contabilidad eclesiástica)
Será porque para ella su Dios es el "dueño" de todas las vidas, y además, y porque es eterno, para Él  no hay por tanto fases de la vida,  nada significan para Él infancia, juventud, madurez y vejez y decadencia, el caso es que para la Iglesia Católica, "una vida es una vida" sea la de quien sea, o sea, que a ella -a la Iglesia- le da igual que muera un Matusalén anciano de escasa esperanza de vida o una Julieta adolescente repleta de alegría y abundante esperanza de vida, pues a fin de cuentas son vidas que se pierden. Lo sorprendente es que los gobiernos y los (malos) economistas mediáticos les hayan "comprado" ese absurdo inhumano a la hora de analizar y tratar la presente epidemia.

(esta epidemia es una guerra)
Me dice Lucas: "Cuando el presidente del Gobierno se agarra a la idea de que la presente epidemia es una guerra, ¿significa esto que los pacientes asintomáticos son unos quintacolumnistas o que quienes han superado la enfermedad son espías? Y, entonces, si es así para él, ¿los va a tratar en consecuencia  como traidores, como vendidos?". Buena pregunta

(fiabilidad)
Alguien que, en una comparecencia pública, en un mensaje a la nación, es capaz de decir textualmente:  "En esta crisis sanitaria global,  España es solidaria con todos los países. Colaboraremos con  ellos y con ellas...", no es de fiar. Cabe sospechar que el absurdo lenguaje inclusivo, del que hace gala cansinamente, como un maligno cáncer cerebral, se ha extendido en él ya a las áreas del córtex donde se procesa la información y se toman decisiones racionales... y ya las ha arrasado.

(reconstrucción nacional)
Cuando el presidente del Gobierno se agarra a la idea de que es necesario una política de nacional para la "reconstrucción" para salir de la crisis del coronavirus, ¿qué quiere decir? ¿qué quiere "reconstruir"? Porque, que se sepa, el coronavirus no ataca a las edificaciones ni a las carreteras. No afecta al capital físico de la economía y sólo de manera reducida a su capital humano. Y es que la crisis económica no ha sido provocada por el coronavirus, sino por la respuesta del Gobierno ante la epidemia.

(de lo esencial y de lo básico)
Una vez más la escasísima cultura económica de las gentes y de los gobiernos les ha llevado a confundir lo esencial con lo básico. Lo primero está compuesto por el conjunto de productos, bienes y servicios,  que desde la demanda, o sea, como consumidores,  consideramos más que importante. Por ejemplo, y en estos tiempos de crisis sanitaria, los respiradores serían bienes esenciales, pues los enfermos graves los necesitan.
Lo segundo, lo básico,  y siguiendo al gran economista Piero Sraffa, es el conjunto de bienes y servicios que intervienen en todos los procesos de producción, en todos los sectores económicos. Y ciertamente, los respiradores por ejemplo no son productos básicos. En general no lo son los productos esenciales. Lo son, sin embargo, el gasoil, la electricidad, el humilde cartón... Y, entonces, si se quiere defender la autonomía nacional, ¿en qué tipo de bienes debería centrarse una política que buscara conseguirla? ¿en los productos básicos o en los esenciales?

(indicador social)
Nada más revelador del grado de degeneración moral al que ha caído un gobierno el que no haya tenido la menor duda en anteponer sistemáticamente el bienestar de sus perros al de sus niños. Nada más revelador del grado de degeneración moral al que ha caído la sociedad el que no haya tendido la menor duda en aceptarlo, democráticamente eso sí.

(nueva normalidad)
Cuando por fin pudo salir del confinamiento se dio cuenta de que el fascismo estaba allí. Esperándole.

(perversión del lenguaje)
Una sociedad  que llama héroes a los policías, a los basureros, a los maestros, a los repartidores, a los cajeros de supermercado o a los conductores de autobús por hacer su trabajo, por cumplir estrictamente su obligación, adolece de un gran problema, cual es que las palabras de su idioma con las que otorga valor y honra a aquellos de  sus miembros que se las merecen, ya no sabe qué significan. O, dicho de otra manera, es una sociedad en que ya nadie se las merece.

(argumento teológico)
Premisa 1º.- La probabilidad de que una persona al coger una mañana una cerveza en el supermercado haya escogido una que fue antes cogida y luego vuelta a colocarla en su lugar por otra  persona infectada por coronavirus aunque asintomática que, además, tuviese virus activos en su mano, y contagiase esa cerveza en particular es con total seguridad menor que la probabilidad de que Dios exista.
Premisa 2º.- El Gobierno, apoyado en los "expertos" epidemiólogos, quiere exigir que la gente entre en los supermercados con guantes y mascarillas pues está seguro que así evitará  contagios.
Conclusión: El Gobierno y sus expertos científicos son creyentes  pues, congruentemente con su exigencias, ha de estar seguro de que Dios existe.

(cuestión gramatical)
Si un paciente de cáncer de pulmón terminal muere, y tras analizarla se descubre en él la presencia del coronavirus, ¿Ha muerto por coronavirus o con coronavirus?

lunes, 30 de marzo de 2020

LOS ECONOMISTAS Y LA TORTURA


Frente a los propensos al desmedido propósito de convertir a la Economía en pieza central de alguna forma de ingeniería social, con el consiguiente alto status que del cumplimiento de tal objetivo se seguiría para sus practicantes en un mundo tan seducido y entregado a la tecnología como el presente, siempre me pareció digno y deseable el relativamente modesto objetivo que Keynes les puso a los economistas en aquella conferencia que dio en la Residencia de Estudiantes de Madrid allá por el año 1930 bajo el título de Perspectivas económicas para nuestros nietos, en la que afirmaba que “sería maravilloso si lograran hacerse considerar gente humilde, de competencia específica, al nivel de los dentistas”. Hoy me ha asaltado el recuerdo de que los dentistas han sido y son utilizados como torturadores por los "servicios de inteligencia o información" de muchos países y también, por el crimen organizado. 

Era algo que sabía desde hacía mucho. Pero hasta hoy nunca lo puse en relación con la modesta propuesta keynesiana.

jueves, 26 de marzo de 2020

LA LUZ ELECTRICA Y EL ESTADO DEL BIENESTAR


La idea de C.S.Lewis (y también de Aldous Huxley) de que siempre son las mismas necesidades las que de modos diferentes se cubren en toda sociedad que permanece se puede generalizar y extraer curiosas consecuencias. Como es de sobra conocido la jornada de trabajo en las ciudades del Antiguo Régimen se veía limitada por la luz solar: A la anochecida, cuando el único medio de iluminación era el proporcionado por lámparas de incandescencia, la actividad había de frenarse so pena de correr el riesgo de incendios tan pavoroso en ciudades aglomeradas donde la madera era el elemento básico constructivo. 

Pues bien, la aparición de sistemas de iluminación más seguros como el gas y más tarde la electricidad tuvo como consecuencia directa la derrota de la oscuridad nocturna. Y no todo fueron ventajas, pronto las jornadas nocturnas de trabajo aparecieron, como no podía ser menos en una economía competitiva. La necesidad de descanso, la necesidad de un alto en el trabajo, la obligación de respetar esa ley natural que lleva a animales como los hombres a descansar en la noche requirió entonces el surgimiento del estado del bienestar, la pelea por reducir la jornada de trabajo, la defensa del descanso nocturno o la exigencia de turnos y pagas extra para los trabajadores que los hicieran. Fue sin duda una gran conquista: volver a lo que ya se tenía.

miércoles, 25 de marzo de 2020

TECNOLOGÍA Y VIOLENCIA


Siempre me ha resultado de lo más extraño y sorprendente el hecho de que cuando los españoles llegaron a América, se encontraran con unas "civilizadas" o "avanzadas"  culturas, desde laincaicas hasta las  mesoamericanas, en las que la rueda era utilizada para hacer juguetes y la metalurgia tenía fundamentalmente usos ornamentales y no militares. 

Tampoco en China, lugar dónde fue inventada,  el uso de la pólvora se expandió más allá de su uso festivo. El hecho de que correspondiese a la civilización occidental descubrir el uso militar y luego productivo  de buena parte de las innovaciones técnicas, cosa que no sucedió de modo sistemático hasta después del Renacimiento, da que pensar.

Leonardo, Alberti, Miguel Ángel fueron los primeros artistas-científicos al servicio de las fuerzas de la violencia.

El tiempo, la vida y la muerte

 Eres viejo cuando no sólo eres consciente sino que sientes que cada día que pasa no es tanto un día más que has vivido, sino un día menos q...